Un año atrás, personeros del Gobierno no podían disimular su enojo cuando se comparaba el crecimiento económico obtenido por el Perú con el que arrojaba el primer año de administración de las nuevas fuerzas en el poder. El vecino del sur, con una economía abierta, en búsqueda de socios locales y extranjeros para que arriesguen en su territorio, había alcanzado una tasa de crecimiento del 9%.
En Ecuador se criticaba el resultado de ese año que bordeaba la tercera parte de ese porcentaje, apenas nos acercábamos a un 3%. Irritado el Primer Mandatario incluso había expresado que el crecimiento obtenido en Perú era de “mala calidad”, lo que recibió como respuesta más de un hiriente comentario en los medios de prensa de ese país.
En 2008, en cambio, el crecimiento de la economía ecuatoriana aparentemente superará el 5% lo cual, medido bajo la misma metodología anterior, es promocionado como un logro de la actual administración.
Si las cifras se confirman, resulta que las diatribas recibidas por los sectores que criticaban tan bajo crecimiento de 2007, estuvieron fuera de lugar, porque lo que se reclamaban era que esa tasa resultaba insuficiente, argumento que se vuelve irrefutable cuando el Gobierno ahora se ufana de un crecimiento mayor en el año precedente.
Lo que ayer era irrelevante y un supuesto maniqueísmo de la prensa, ahora es un logro y muestra de resultados de la gestión gubernamental. ¿En qué quedamos? Pero no les falta razón a los defensores del Régimen en decir que no solo basta crecer sino que es importante que ese crecimiento sea de calidad.
Las simetrías existentes entre el actual crecimiento de la economía ecuatoriana con la que experimentó Perú en la década de los ochenta, en el primer año de administración del presidente García, son inocultables. En efecto, en ese año la economía peruana a fuerza de un gasto público desenfrenado creció en cerca de un 10%, para en los años siguientes ser víctima de una hiperinflación y devaluación históricas.
En Ecuador el actual crecimiento, según los entendidos, también ha sido impulsado por un fuerte gasto gubernamental. A diferencia del Perú de esos tiempos, Ecuador no puede emitir moneda, lo que hace pensar que si se continúa en ese ritmo de gasto, cuando los ingresos fiscales están a la baja, lo que se halla en juego es la subsistencia del modelo vigente, anclado a una moneda fuerte como es el dólar.
Alan García en su segundo mandato entendió que la senda no era la que transitó en su primer gobierno. De allí que el crecimiento de Perú en estos dos últimos años sí ha sido de calidad, mientras que en Ecuador todavía resta por verse qué derrotero se adopta y si se invierte ese adagio que reza que “nadie aprende de la experiencia ajena”.