El gasto público mantiene un explosivo aumento desde el 2007 y esta tendencia se acentuó este año.
Solo el gasto primario (sin interés y amortización de deuda), entre enero y junio del 2007 fue de USD 2 311,2 millones, según los registros del Banco Central.
En tanto, en el mismo período del 2008 fue de USD 5 629,6 millones, esto representa un crecimiento del 143,5%.
El gasto se concentra principalmente en salarios, subsidios, transferencias, que se financia con ingresos tributarios. Otra parte importante es la inversión pública, que se sostiene con los réditos del precio del petróleo.
Solo en subsidios se destina 38% del presupuesto, que para este año podría alcanzar USD 6000 millones, según el Observatorio de la Política Fiscal.
Mientras en el 2003, los subsidios significaban 3,2% del Producto Interno Bruto (PIB), en el 2008 alcanzan el12,1% .
Pero al ser en gran parte gasto corriente, se abre la interrogante de si el país tendrá capacidad para cubrirlo. El 50% se financia con renta petrolera, que en este momento está sujeta a la volatilidad del precio del crudo.
Patricio Almeida, ex presidente del Colegio de Economistas, cree que será muy difícil que se ajuste el gasto corriente, por ser de carácter obligatorio.
Más bien, considera necesario priorizar las obras públicas y reasignar los recursos para la inversión de mediano y largo plazos.
Según dice, esto es factible ya que la ejecución de la inversión es una cuestión paulatina, que demanda tiempo. Sin embargo, el presidente Rafael Correa, en primera instancia, dijo que en caso de un ‘shock’ externo se ajustará el pago de la deuda externa y no el gasto social.
Esta posición, para el ex ministro de Finanzas Fausto Ortiz, es una medida política.
Según dice, en su gestión se bajó el peso de la deuda, como una alternativa financiera para afrontar cualquier ‘shock’ externo, como una bajada de ingresos petroleros. Pero “decir que no se va a pagar la deuda está en contra de toda práctica económica”. La otra posibilidad es renegociar la deuda.
Si se opta por la moratoria de la deuda, el riesgo del país sería más alto y las alternativas de recibir créditos externos se reducirían aún más, señala Pablo Better, ex ministro de Economía.
Pese a que el Régimen se ha mostrado optimista en recibir financiamiento externo, las condiciones pueden ser más duras.
Venezuela es una opción que baraja el Gobierno, sin embargo, Better puntualiza que la tasa de interés es del 15%, el doble de lo que se cobra a escala internacional.
Además, Mauricio Pozo, analista económico, añade que las condiciones mundiales harían que los préstamos sean más restrictivos en cuanto a los montos y plazos.
Por otra parte, si bien la inversión pública tiene un efecto multiplicador en el crecimiento del sector privado, no es suficiente para levantar la economía. Pozo señala que con una economía que crecerá entre el 3% y 4% este año se hace insostenible el financiamiento interno.
Al tener menos ingresos por el petróleo, un menor crecimiento en las exportaciones, producto de la crisis externa, ve conveniente poner techo al gasto.
Otra de las salidas que planteó el primer Mandatario es el uso de la reserva monetaria internacional, que al 16 de este mes sumó USD 6 358 millones.
De este monto, USD 3 171 millones (49,8%) son depósitos del sector público no financiero, pero solo una parte corresponde al Gobierno Central (cerca de USD 2 000 millones), el resto es de los gobiernos seccionales.
La cuenta del IESS suma USD 2437 millones, que el Gobierno pudiera captar, como deuda interna, pero dentro de los márgenes de seguridad, que dice la Ley.
No obstante, tradicionalmente las reservas han servido para reducir el riesgo país y disminuir el riesgo de la inversión en el país. Y se las mantiene altas para afrontar eventuales crisis.
Entre las medidas para bajar el gasto pudieran estar el subir el precio de los combustibles, quitar el subsidio al gas, pero serían medidas impopulares que, según los analistas, el Gobierno no estaría dispuesto a tomar.
Finalmente con una proyección de gasto creciente, no se descarta que el escenario más grave sería la salida de la dolarización. En palabras de Better, sería “una tragedia para el país y políticamente peligroso”. Al no lograr un equilibrio entre ingresos y gastos, añade, sería la consecuencia y no el remedio...