Entre las perlas que soltó la Ministra de Finanzas la semana pasada, hay una que promete aumentar el gasto corriente en el 2009 y también los precios.
La inflación al final de año, dijo, llegará al 10,4%. Y para compensar la pérdida del poder adquisitivo, se prevé un aumento salarial de al menos ese porcentaje en el 2009.
Aunque la Ley establece que, de no existir un acuerdo previo, el alza salarial se establecerá en función de la inflación futura, la política del Gobierno ha sido incorporar otros elementos para elevar los sueldos más allá de ese indicador. Lo hizo este año, cuando el salario pasó de USD 170 a USD 200, 17,64% más cuando la inflación proyectada era del 4%.
Al parecer, lo hará también en el 2009. El Ministro de Trabajo es partícipe de que aumente en USD 30, lo cual significará un alza del 15%.
El impacto de estas decisiones se evidencia, por ejemplo, en el gasto corriente del Gobierno central, que aumentó 56% en el segundo trimestre del 2008 respecto a igual período del año pasado, debido principalmente al aumento del gasto en salarios (30,5%).
El Gobierno dice estar empeñado en controlar la inflación, pero ha dejado crecer el gasto público en un 80%.
El anuncio de elevar los salarios en función del 10% de inflación también genera expectativas en los agentes económicos, quienes se adelantan a la medida y ajustan sus precios en ese porcentaje, lo cual crea un círculo vicioso que impide controlar la inflación.