En esta semana se conocerá la evolución del índice inflacionario, lo cual se ha convertido en un vía crucis para el Gobierno.
Con un indicador que está en 9,87% anual, el aumento de precios amenaza con restarle puntos al Gobierno de cara al referéndum.
El Gobierno aprovecha lo que esté al alcance para controlar la inflación: urea, créditos y harina subsidiados, kits agrícolas gratis, reducción de tarifas eléctricas y próximamente reducción de tarifas telefónicas e Internet.
Los subsidios no están dando resultados. Las medidas se aplican desde inicio de año y la inflación sigue subiendo. Como una medida desesperada, la semana pasada el Gobierno promocionó un decreto ejecutivo para establecer precios máximos a nueve productos básicos. Pero la leche y el pan, ya fueron fijados. Y no fue necesariamente producto de un acuerdo con las empresas privadas como lo promocionaron las autoridades.
El control de precios puede volverse un bumerán, pues desincentiva la producción. Si ésta cae habrá escasez y más inflación.
El dinero que circula viene aumentando por mayor gasto público. Y si la producción no crece, el ajuste llegará por un alza de precios. En el mejor de los casos, la fijación de precios controlará la inflación hasta que pase el referéndum, pues el acuerdo es hasta fin de año. Eso significa que la inflación simplemente se postergará.