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Pobre inversión extranjera, desarrollo proscrito |
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Lunes, 06 de Agosto de 2012 00:00 |
Según la Unctad, en 2011 el flujo de Inversión Extranjera directa (IED) en el mundo fue de $1 524,4 billones.
A América Latina y el Caribe ingresaron $217 000 millones; a Ecuador tan solo $568 millones o 0,26%, insignificante cifra, más pálida en relación con la total del mundo.
Países más pobres que Ecuador y que se esfuerzan por progresar han creado un entorno favorable a la IED. Vietnam recibió $7 430 millones de IED. El porcentaje crece por décadas al 7% anual y ya produce la cuarta parte del PIB per cápita del Ecuador, reduce la pobreza y crea empleos.
Mongolia recibió por IED $4 715 millones, produce la mitad del Ecuador, es el nuevo ícono de los países que despiertan al desarrollo.
Tanzania, Uganda y Bangladesh, con rentas por habitante menores a $600, recibieron por IED montos mayores que el Ecuador.
En el primer trimestre de 2012, la IED del país alcanzó la precaria cifra de $110 millones; el 61% correspondió a la explotación de minas y canteras.
Petróleo y minería no alcanzan para desarrollar al país, se requieren más recursos. La IED es imperativa, además, por sus efectos positivos en la asimilación y el desarrollo tecnológico, en el aprendizaje de nuevas formas de producción y el logro de elevados estándares de productividad para insertarse y competir en los mercados globales.
La IED es condición para diversificar productos de exportación y ser parte activa del comercio mundial. La IED impulsa la inversión privada nacional, complementariedad indispensable para un elevado y sostenido crecimiento económico y la creación de más empleos.
Proscriben el desarrollo de sus pueblos los países que desprecian la IED a cambio de consolidar modelos estatistas, aislados ante el temor de competir y ceder espacios a la iniciativa privada para crear riqueza y progreso. |