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Estabilidad fiscal y desarrollo |
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Lunes, 12 de Septiembre de 2011 00:00 |
La mayoría de países de la Unión Europea (UE), luego de varios años de gasto y endeudamiento desmedidos, se someten a severos ajustes y se obligan a apreciar la estabilidad fiscal como valor nacional para el progreso. Alemania en 2009 incluyó en su Constitución la obligación de equilibrar el presupuesto público, Francia camina en igual dirección. España aprobó reformar la Constitución en igual sentido. Esta regla de oro se piensa extender a toda la UE. En el país, desde hace varios años se ha propuesto una regla fiscal similar, anhelo no considerado al elaborarse la actual Constitución.
En Ecuador se minimizan los efectos negativos del déficit público y se defiende con liviandad las crecientes deudas. Muchos se ufanan que el país pueda endeudarse en los próximos años hasta el 40 % del PIB, acción tolerable aunque se crezca poco, se afirma sin rubor. Cuando los gobiernos acostumbran a la sociedad a vivir del elevado gasto público financiado con petróleo y más deudas, someten sus expectativas a cuanto hace el Estado, limitan su creatividad y esfuerzos competitivos. Mientras los recursos naturales y las deudas permiten satisfacciones a gobernantes y gobernados, los primeros se creen autosuficientes e imbuidos de un halo divino, los segundos disfrutan.
Cuando un país asume el equilibrio fiscal y un gasto público moderado, inherentes a los valores de una sociedad, se obliga a generar las condiciones para atraer inversiones, a elevar a la educación como signo de desarrollo, a encontrar oportunidades de bienestar en la búsqueda obsesiva de la productividad individual y empresarial, a desarrollar capacidades para crear riqueza en un marco global de avances sin límites en el desarrollo de nuevas tecnologías y conocimientos. Cuando los países acumulan desajustes y realizan reformas porque no hay otra opción, los pueblos sufren. Los estadistas reflexionan a tiempo.
Hora GMT: 12/Septiembre/2011 - 05:02 |