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Pensar y actuar en otra dimensión |
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Lunes, 01 de Agosto de 2011 00:00 |
Arabia Saudita es el segundo país con mayores reservas petroleras del mundo y produce 10 millones de barriles al día. Su PIB per cápita es cuatro veces el de Ecuador, sus reservas en dólares superan los $400 mil millones, su deuda en relación con la producción está en alrededor del 20% y las cuentas públicas reflejan un superávit del 6%.
No obstante su abundancia, Arabia Saudita cree que sin inversión extranjera directa no podrá avanzar. Se ha planteado captarla con importantes incentivos tributarios y de otro género, a fin de que sean los inversionistas extranjeros los encargados de construir carreteras, proyectos petroleros y de gas, plantas petroquímicas, aportar tecnologías de información y telecomunicaciones. En su empeño modernizador, este país espera que capitales extranjeros construyan cuatro ciudades económicas para promover las industrias, desarrollar conocimientos, constituir un centro logístico de Oriente Medio. Las mismas requerirán de hoteles, oficinas, escuelas, universidades e inmensas infraestructuras. El propósito de sus gobernantes es diversificar su base económica, aumentar la productividad y competitividad y fomentar la participación del sector privado en el desarrollo económico. Un organismo especial es el encargado de la promoción y captación de inversión extranjera, de la mejora del clima de inversión y de los servicios prestados a los inversores.
Ecuador produce al día la veinteava parte que Arabia Saudita, no tiene reservas de dólares y mantiene sus cuentas públicas en rojo; el Estado gasta la mitad de lo que produce y recibe $10 por persona de inversión extranjera. Las mayorías apenas sobreviven. Son amplios los rezagos sociales, de infraestructuras, de productividad y competitividad, de tecnologías y conocimientos. Sin embargo, el desdén por el aporte de la inversión privada interna y externa es estandarte del modelo. El progreso exige una visión cosmopolita del desarrollo.
Hora GMT: 01/Agosto/2011 - 05:17
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